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“Landfill Harmonic” es un documental sobre la vida de los vecinos de Cateura, que nos presenta una espectacular banda musical infantil que interpreta con instrumentos musicales hechos con restos de la basura.

Cateura es una modesta localidad al sur de Asunción, Paraguay , que ha tenido que aprender a convivir con la basura y ha conseguido dignificar lo ya inservible para la comunidad, dándole a los objetos despreciados un nuevo uso con un valor difícilmente cuantificable en términos puramente económicos : cajas de cartón, tarros de metal, papeles y todo lo que llega al vertedero, es tomado por unos luthieres que deslumbran por su maestría y creatividad y que han conseguido fabricar instrumentos musicales de los que se pueden sacar sonidos que nada tienen que envidiarle a la mejor filarmónica del mundo.

Un magnífico ejemplo de resiliencia urbana, la capacidad de una ciudad expuesta a situaciones límites para resistir, absorber, adaptarse y sobreponerse de manera oportuna y eficiente, lo que incluye la preservación y restauración de sus estructuras y funciones básicas. Esta resiliencia está vinculada a los conceptos dinámicos de desarrollo y de crecimiento urbano no necesariamente mercantilizados. En este sentido, la resiliencia es un proceso y no una respuesta inmediata a la adversidad. Ser resilientes tiene poco, por no decir nada, que ver con ser invulnerables.

La resiliencia urbana es una invitación a tener una nueva mirada sobre el desarrollo de la ciudad. Dado que los seres humanos exhibimos una observable tendencia a desarrollarnos en la dirección de las imágenes positivas del futuro que anticipamos, la resiliencia es un vector positivo de avance social. Tiene por tanto un valor como guía de la estrategia de crecimiento urbano. No es muy aventurado decir que en los próximos años quizá veamos como el concepto de resiliencia sustituya progresivamente al concepto de sostenibilidad.

La ciudad smart (inteligente) será resiliente. De momento, las ciudades que más están necesitando más inteligencia son aquellas situadas en países emergentes, pero a medida que la crisis va empobreciendo las ciudades europeas, la resiliencia va emergiendo también en el viejo continente. Habrá que adaptar la tecnología urbana a sus condiciones sin que tengan que renunciar a ser smart, y ello requirirá que sus servicios urbanos e infraestructuras estén diseñados e implantados con el objetivo de ser capaces de resistir impactos, responder, recuperarse y aprender para mejorar.

Tendremos servicios urbanos e infraestructuras en red, con la inteligencia distribuida y en consecuencia mucho más resilientes, es decir, capaces de funcionar de manera autónoma generando gran cantidad de datos. Estos datos deberán ser utilizados por los técnicos, pero también estarán a disposición de la ciudadanía. En estos momentos por ejemplo, en Barcelona ya sería posible técnicamente visualizar aquellos contenedores de residuos que son vaciados con más frecuencia y a qué horas etc…Esto puede también permitir al ciudadano visualizar y apreciar muchos servicios e infraestructuras hasta ahora invisibles y que muchas veces requieren grandes inversiones que no son suficientemente valoradas.

 

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